Diversos análisis internacionales señalan que México y Brasil podrían convertirse en actores clave de la economía global hacia 2030, impulsados por su tamaño de mercado, capacidad industrial y participación en cadenas de suministro.
México destaca por el impulso del nearshoring y su cercanía con Estados Unidos, lo que fortalece su papel en el comercio internacional. Por su parte, Brasil mantiene una posición fuerte en la exportación de alimentos y energía, lo que le da peso estratégico a nivel global.
Especialistas consideran que, si ambos países logran coordinar sus estrategias, podrían aumentar su influencia económica y política, consolidando a América Latina como un bloque más competitivo frente a otras regiones del mundo.


